Chucho. Una obra sin más artificio que un ladrido

La Zafirina repone el próximo 17 de enero en la sala Russafa de València, Chucho, una obra que habla de las relaciones, la convivencia, las expectativas; en definitiva, del amor y el desamor. Hemos hablado con sus protagonistas, Mafalda Bellido, Jordi Ballester y Xavi Puchades.

La primera pregunta parece de rigor: ¿cómo surge Chucho?

M.B- Chucho surge de un encargo del Torneo de Dramatugia Valenciana organizado por Creadores y en el que ahora participa también el IVC. En ese encargo había varias premisas: dos actores, un texto sin acotaciones y una pérdida por parte de uno o de los dos personajes. Finalmente Chucho fue el ganador de ese año con una respuesta muy positiva del público, así que decidí ampliarla y que se convirtiera en la segunda producción de la Compañía La Zafirina.

¿Por qué te planteas esconder las vivencias de una relación de pareja detrás de la pérdida de un perro?

M.B- Nunca me planteé hacer una obra sobre una relación de pareja. Situé a dos personajes frente a una pérdida y los puse delante de su conflicto y de sus miedos. El amor, cuando se siente, no distingue de razas. Bea, la protagonista, ama a Chucho por encima de todo y esa pérdida le pone frente a lo que realmente desea, busca y anhela en la vida, la sitúa en la encrucijada. Los dos personajes tienen sus reproches y sus búsquedas, y esos reproches, esa necesidad de hacer entender al otro lo que siente es lo que hace que ese ritmo inicial y trepidante no decaiga en toda la obra.

¿Quiénes son Toni y Bea? ¿Y cómo han vivido Jordi Ballester y Mafalda Bellido a esos dos personajes?

M.B- Toni y Bea son una pareja en medio de una complicada separación donde la pérdida de Chucho les hacer replantearse toda su vida anterior como pareja y como personas y provoca que estallen todos sus miedos, sus reproches y sus dudas.

J.B- Toni y Bea son una pareja que se ha querido mucho y que en un momento determinado ha dejado de escucharse, de interesarse por las preocupaciones del otro, y a partir de ese momento se desvanecen como pareja. Ellos hablan de uno de los grandes temas de la ficción: del amor y del desamor y de todo lo que una ruptura supone. Nosotros hemos vivido esos personajes con toda la intensidad que se merecen. Son dos personajes excesivos, intensos, pero a la vez muy cómicos. Nos hemos dejado la piel y eso hace que se produzca un tándem en escena que hace que el público se sienta atrapado desde el minuto uno hasta el final de la historia.

¿Qué le ha dado Jordi Ballester a Toni y viceversa?

Pues Jordi Ballester le ha dado organicidad, fuerza, mucha comedia, sentimientos, matices; y Toni a Jordi Ballester le ha dado comprensión, empatía, saber escuchar, querer amar. Los dos se han nutrido muchísimo de ese texto maravilloso que ha escrito Mafalda.

Y en tu caso, Mafalda, ¿cómo has recreado en escena un personaje escrito por ti? Supongo que en esta transformación te habrá ayudado Xavi Puchades, director del montaje.

M.B- Ha sido un proceso muy bonito en el que he tenido la suerte de dejarme llevar por las experimentadas manos de Xavi. Es cierto que mientras escribes, tú misma estás escuchando en tu cabeza la forma de decir y de actuar de los personajes, tanto de Bea como de Toni, pero lo bonito de este proceso ha sido darme cuenta de que hay muchísimas maneras de poner en pie la escritura y que tu visión de autora no tiene por qué ser la misma que la del director y eso hace y ha hecho enriquecer muchísimo a los personajes.

Xavi, ¿cómo te has sentido dirigiendo este texto? ¿Cómo logras equilibrar esa dialéctica entre los personajes, esos momentos de tensión que se entremezclan con momentos cómicos?

X.P- Es uno de los trabajos con los que más me he reído en los ensayos. Algo que un director, en principio, no debería hacer. Al menos, como yo lo hacía. Nos lo hemos pasado tan bien que eso se transmite irremediablemente al espectador. Ese equilibrio en la enloquecida dialéctica de los personajes se consigue gracias a la complicidad y confianza de los actores y a un texto brillante que permite el contraste de estados, el exceso y la contención, el trazo grueso y el pequeño detalle. Así, hemos ido construyendo una partitura escénica repleta de pequeños giros inesperados por donde se cuela la comedia y el dolor.

Estrenasteis la obra en la Sala Ultramar hace más de un año y ahora reponéis en la Sala Russafa, donde estrenáis el 17 de enero. Los espectadores estamos acostumbrados a que los montajes tengan vida efímera. Es muy raro ver en cartelera la misma obra más de ocho funciones. ¿Crees que es así cómo deberían concebirse los montajes, con un largo recorrido?

X.P- Es necesario que las obras nazcan y crezcan, se hagan adultas y fallezcan habiendo vivido muchas funciones. Si pensáramos que cada función es un año de vida, hay obras que, hoy, mueren con apenas quince años. Eso es terrible. Que las obras no crezcan no ayuda al crecimiento de los que las hacen ni de los propios espectadores. Los montajes se conciben para un largo recorrido siempre, es el destino de toda propuesta escénica. Cada vez existen más factores que impiden ese recorrido, uno de ellos es no poder estar tres o cuatro semanas en un teatro. Tengo la esperanza de que esta situación vaya cambiando, porque es un error que, en el fondo, no beneficia a nadie. De hecho, ya hay algunos espacios, tanto públicos como privados, que han tomado nota.

Finalista de los XXII Premios Max, Nominada mejor texto a los premios de las Artes Escénicas Valencianas, Ganadora del II Torneig de Dramatúrgia Valenciana, Premio Teatro Autor Exprés… ¿Cómo has vivido este éxito de la obra?

M.B- Lo cierto es que Chucho no ha parado de darnos alegrías desde el primer día. A veces no eres consciente de esa repercusión hasta pasado un tiempo. Ha sido un año tan trepidante que ahora, al hacer el balance anual, es cuando hemos sido conscientes de todo lo que ha se ha logrado y de todo lo que ha supuesto Chucho para La Zafirina y para mí. Chucho es una obra que engancha al espectador y que no lo suelta hasta el final, que le invita a un viaje que va de la risa al llanto, es una montaña rusa emocional que no deja indiferente a nadie, por eso apostamos todavía para que pueda verse en más lugares, en más localidades de la Comunidad Valenciana e invitamos a programadores a que se arriesguen a contratar a nuestra compañía. Necesitamos el apoyo de los programadores, necesitamos que nos den una oportunidad, necesitamos el contacto con su público, porque estamos seguros de que no se arrepentirán.

Rosa Sanmartín

Chucho estará en la Sala Russafa del 17 al 26 de enero.

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