La invasión de los bárbaros

«La invasión de los bárbaros» de Arden Producciones triunfa en la Sala Russafa de València. MZ ha hablado con Chema Cardeña autor y director artístico de la compañía valenciana que también gestiona la propia sala cultural.

Los cuentos son una manera de contar la vida de una manera metafórica a los más pequeños. ¿El teatro debería ser ese cuento que narre lo que es la vida a los mayores?

El teatro es la mejor manera de hacer reflexionar, entretener, pensar, divertir a los mayores sin ninguna duda. Creo además que es el más directo y el más honesto de las narraciones que hay hoy en día.

25 años de Arden, ¿Cómo ves vuestra evolución? ¿Estáis donde queríais estar?

La evolución en 25 años ha sido notoria. Hemos hecho o de casi de todo: hemos abierto un teatro, tenemos una compañía consolidada, giramos a nivel nacional y hemos conseguido ser reconocidos. Yo creo que no sé si es donde queríamos estar, lo que queríamos es vivir de este oficio y sobre todo poder hacer lo que queríamos, cuando queríamos y de la manera que queríamos. Y eso sí que lo hemos conseguido. Y esa es parte del objetivo y esa sería la palabra éxito: hacer lo que quieres hacer con bastante independencia y con las armas que tienes.

El sello que os diferencia del resto es vuestra sensibilidad social

Eso es algo que debería ser en todo creador, ningún creador puede abstraerse de la realidad, de su sociedad, del momento que está viviendo y lo que le rodea. Nosotros hemos hechos todo tipo de teatro, lo hemos hecho más clásico, menos contemporáneo, más vanguardista, pero siempre hemos tomado como referencia el mundo que nos rodea, nuestra sociedad, nuestros problemas, sus inquietudes y creo que es la base del teatro ser un espejo en el que la sociedad se pueda mirar.

Soléis usar textos conocidos para darle un trasfondo socio-político. ¿Cómo surge esta idea?

Esto solo es una parte de la compañía. Estos son los cuentos políticos que hemos realizado casi todas las navidades en la sala, normalmente nuestros textos son originales y los escribo yo y son historias completamente originales. En esa parcela de cuentos políticos  me llamó la atención que esos cuentos que todos hemos sido niños con lo cual todos conocemos esos cuentos y me pareció una manera diferente de acercarnos a la realidad: utilizar personajes de cuentos conocidos como Alicia, El mago de Oz o Peter Pan y llevarlos al mundo adulto de verdad y que las metáforas tuvieran un cariz más adulto y más político y me pareció una idea divertida e interesante que al mismo tiempo nos ha llevado a hacer cuatro cuentos relacionando con ese mundo mágico e infantil con este mundo nuestro mucho más oscuro y más complicado.

¿Cómo ha sido el trabajo a la hora de preparar La invasión de los bárbaros?

Ha sido como casi todo lo que solemos hacer es un trabajo que parte siempre de una idea, de un texto y una vez tuve el texto lo más importante es  encararlo con los actores e intentar que ellos sean el vehículo que transmita esa historia. La idea surge hace muchos años. Yo tenía mucho miedo a introducirme en un tema tan complicado como es la historia de España. De hecho en más de una treintena de obras yo solo he abordado España desde la perspectiva del barroco español en Las puta enamorada pero nunca había vuelto a España y surgió sobre todo por la necesidad, por la inmediatez de los que nos rodea, por el momento socio-político que tenemos en nuestro país y yo diría que en toda Europa. Me parece que ya en la anterior obra «Shakespeare en Berlín» reflexionábamos sobre el peligro de los extremismos y sobre todo del peligro de nazismo y del fascismo y ahora creo que esta deuda pendiente que tiene este país con su pasado, de asumir su pasado de una vez y de dar memoria y dignidad a las personas que más lo sufrieron pues se ha de reivindicar y el teatro no puede quedar ajeno a eso. En base a esa idea y a esa necesidad surgió «La invasión de los bárbaros» que es una obra que trasciende un poco lo teatral y que al público sobre todo le trasmite un concepto: no se pueden abrir heridas cuando no se han cerrado todavía y ese es el problema principal que tenemos en nuestro país.

¿Cómo surge la idea de mostrar las dos tramas a la vez en escena?

Pues precisamente surge para no quedarnos en lo mismo de siempre, es decir en contar lo que ocurrió después de la guerra solamente desde la perspectiva de esos años. A mí me interesaba mucho las consecuencias de esos años, de esos cuarenta años de franquismo pero también de esos cuarenta años de democracia y de transición en la que se pretendía que el pasado se borrara de un plumazo y empezar de cero. Eso es imposible nadie puede empezar de cero porque el pasado siempre cuenta. Entonces me pareció más interesante mostrar setenta años de diferencia en un mismo país y con el mismo tema en definitiva. Entonces de esta forma el espectador puede comparar y darse cuenta si realmente hemos evolucionado, si realmente hemos mejorado y si realmente hemos superado aquello que se inició en julio del 36 que acabó en el 39, se prolongó hasta el 75 que más adelante se prolongó hasta el 78 y que venimos arrastrando hasta ahora.

Hay obras con mucho cartel y poco que contar y obras que cuentan mucho que igual no llena tanto. ¿No da rabia eso, que el público busque más el rostro conocido que el argumento?

Bueno eso es nuestro sistema. Los personajes mediáticos, los rostros, autores, compañías mediáticas eso se ha establecido así. Yo de todas formas creo que hay público para todo y el público que solo busca eso difícilmente va a buscar otra cosa y el público que busca algo más pues también va a ver la otra. Yo creo que se compensa, tiene que haber para todos los gustos, yo creo que lo más importante es como se sienta quien crea ese espectáculo esa historia y en definitiva es otra manera de hace teatro. No soy quién para decir que el cuanta más es más importante. El teatro es cultura, no es ocio, es cultura y tiene que hacer pensar, reflexionar y también entretener. Y hay gente que solo quiere entretenerse y está en su derecho, pero creo no va en detrimento una cosa de la otra y no me da rabia porque hay público para todo y el público es soberano y debe elegir lo que más le apetezca.

¿El arte debe ser espejo de la realidad o debe ir más allá?

Claro que tiene que ser un espejo y claro que tiene que ser un espejo porque el arte también es impulsor de ideas y es impulsor de cambios. El arte es el testimonio vivo de una sociedad por eso en esta obra reivindicamos tanto el traslado de los cuadros y como se trató de proteger los cuadros en la República de los bombardeos para que no se perdiera nada de nuestro patrimonio. El arte es fundamental en todas sus expresiones para que la gente sea mejor persona, sea más inteligente, más lista más cultivada sea más difícil de manipular. El arte siempre tiene que intentar ser lo mejor de sí mismo.

Las obras son verdaderas fotografías de la realidad vistas desde el prisma de la metáfora o sin filtros como en La invasión de los bárbaros. ¿No crees que este tipo de argumentos se tendrían que enseñar más en los colegios o tener más difusión en el mundo de la educación?

Por supuesto que debería ser así. Obras como «La invasión de los bárbaros», «Shakespeare en Berlín» o «Clandestinos» que trataba la religión u otras tantas se deberían ver porque la base de todo esto es la educación. Yo siempre reivindico la cultura, pero la cultura no es nada sin la educación. Una sociedad educada, cultivada es una sociedad fuerte, es una sociedad madura, inteligente, empática, solidaria y sería fantástico que en los colegios se plantearan que el teatro es un arma maravillosa. Es ese cuento, esa manera de contar que llegan directamente al espectador y que te hacen replantearte cosas. Sería muy inteligente y educativo por parte de la política de educación el que estas obras tuvieran una difusión entre los escolares y que luego se hicieran debates. Nosotros lo hemos hecho con muchas de nuestras obras el establecer debate con los alumnos y es muy interesante escucharlos y ver sus opiniones y ver cómo reaccionan y sobre todo ver en esta parte de la historia que estamos tratando ahora que tan mal se da o no simplemente no se da en los colegios.

Hugo Román

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