Myanmar, un lugar como ningún otro en el mundo

Seis de la mañana, suena el despertador de mi teléfono móvil, entre bostezos, medio dormido pero muy emocionado me asomo a la ventana de mi habitación en el hotel Botahtaung, a través del cristal ya con la claridad de las primeras luces se puede ver que la lluvia sigue cayendo con fuerza sobre Yangón, donde llegue anoche procedente de Bangkok (Tailandia) para comenzar un excitante esperado viaje por Myanmar, el país de las pagodas, aun así la vida continua en esta gran ciudad y como si de un pequeño pueblo se tratase la gente camina tranquila bajo paraguas de llamativos colores, mientras a lo lejos oigo el ruido del trafico amortiguado por el transparente material.

Sin perder tiempo me ducho, me visto, bajo a desayunar, he recorrido miles de kilómetros para llegar hasta aquí y la lluvia no puede frenar mis ganas de explorar, me espera una aventura maravillosa.

Hace poco tiempo que este bonito y desconocido país del sudeste asiático salió de una larga dictadura militar y abrió sus puertas al turismo, un turismo que aumenta cada año con cuentagotas. Por suerte para las personas que buscan en sus viajes encontrar lo autentico de cada destino el ritmo del cambio es lento y aun permite disfrutarlo a tope.

Hasta ahora pocas personas extranjeras que han podido disfrutar de los grandes atractivos de este país, de sus miles de doradas pagodas, de sus paisajes, de su gastronomía, de sus caóticas ciudades y sobretodo de su tesoro mas preciado, la calidez de sus gentes, que aun te mira con gran curiosidad, la misma o incluso mas con la que nosotros los miramos a ellos, gente expectante, que te regala sonrisas a cada paso.

El pueblo birmano, con mas de 100 etnias diferentes, es un pueblo amable, predispuesto y muy respetuoso, un pueblo unido estrechamente a la madre tierra, a la vida rural, donde los valores tradicionales tiene una gran importancia. Un pueblo en el que gran parte de sus habitantes aun se desplazan de la forma tradicional en trisaws o como en las zonas rurales en carros tirados por animales como se ha hecho durante siglos.

Un pueblo al que se le puede ver tranquilamente mascando y escupiendo kunya, un producto natural que se vende en cada esquina, les deja los dientes rojos, es similar a la nicotina, como ella es adictiva y ocasiona diferentes efectos en el sistema nervioso.

El kunya son hojas de betel (una planta similar a una parra) enrolladas e impregnadas con una pasta de color blanca y lechosa, coco, tabaco y nuez de areca, se mastica para sacarle los jugos y después se escupe, cualquier hora del día es buena para masticar, tanto hombres como mujeres.

Aunque aun hay zonas del país restringidas al turismo, en el resto que esta abierto es fácil moverse sin ningún tipo de problema.

En Myanmar aun se pueden encontrar cientos de lugares sin corromper por el turismo, lugares únicos en el mundo donde olvidarse del reloj y la ajetreada vida de nuestros lugares de residencia para simplemente sentarse a contemplar la vida local.

Lago Inle

Uno de eso lugares es el Lago Inle, un lugar mágico detenido en el tiempo, que quizás sea el mejor ejemplo del el estilo de vida birmano, con una superficie de mas de 500 km² este lago de agua dulce esta situado entre montañas, al este del país, es el corazón de la vida de la región, aquí todo pasa sobre el agua, sobre el agua se vive, sobre el agua se compra, se vende, se planta, se duerme, se apendre, se reza, se … más de 200 aldeas elevan sus casas de madera (palafitos) a su alrededor.

En el Lago Inle la vida sigue transcurriendo igual desde hace siglos, sus habitantes, casi 70 mil, la mayoría de la etnia Intha (hijos del lago) practican el arte de la pesca con la misma técnica milenaria que sus antepasados. Sus famosos y originales huertos flotantes donde se cosechan decenas de variedades hortalizas y verduras, arroz e incluso flores… o su no menos y peculiar mercado flotante, que cambia de ubicación según el día de la semana son algunos de los atractivos que ofrece este peculiar rincón.

Yangón

Si se dispone de tiempo viajar en tren por la antigua Birmania es quizás la mejor manera de conocer el país, pero si no se dispone del tiempo necesario, el tren circular que discurre por el centro y los suburbios de la milenaria Yangon, antigua capital y la ciudad mas grande de Myanmar, llena de contrastes entre lo tradicional y lo moderno es una muy buena opción, un trayecto de casi tres horas con 36 paradas en el que podrás ahondar aun mas en la realidad social, solo por hacer este trayecto vale la pena un viaje al país. El tren pasa por el centro de la ciudad, podrás ver los nuevos edificios, pequeñas aldeas, paisajes selváticos, campos de cultivo… las ventanas sin cristales dan una sensación de libertad mientras el viento choca con tu cara y va refrescando el ambiente en los días calurosos y húmedos. Durante el trayecto veras cientos de vendedores que suben y bajan llevando consigo decenas mercancías (todo procedente del cultivo local) para venderlas en los mercados cercanos.

Bagan

La llanura de Bagan, un mar de templos, situada en el centro del país en un área de 42 km² donde, durante dos siglos se fueron construyeron más de 4000 templos budistas, es sin duda otra de las joyas de Myanmar, ademas es uno de los centros arqueológicos más importantes del mundo. La visita a la zona es obligatoria aunque después de varios terremotos sucedidos a los largo del tiempo sumado a una despreocupación por parte de las autoridades, hoy en día tan solo queden poco mas de 2000 de ellos.

Mandalay

Mandalay no solo es otra bulliciosa capital asiática, esta antigua capital con algo mas de un millón de habitantes, es un enorme descubrimiento para el viajero, con múltiples encantos, en ella entre otras cosas interesantes se encuentra el famoso Royal Palace, un enorme conjunto formado por 40 edificos situado en el centro de la ciudad. Ya a las afueras de la ciudad hay una visita obligada que cada vez tiene mas éxito entre los viajeros, el Monasterio Mahagandayon donde todas las mañanas a las 10:30h se repite un ritual, miles de monjes portando un cubo para ofrendas, descalzos y ataviados con sus típicas túnicas de color granate comienzan a salir de las diferentes estancias del monasterio, van colocándose ordenadamente en dos larguísimas filas, mientras pasan a recoger la ofrenda (comida sencilla, arroz blanco y algunas frutas) que decenas de voluntarios les dan en lo que sera su única comida diaria, todo un espectáculo espiritual que se ha convertido en gran atractivo para el creciente turismo.

Ademas de todo esto y mil cosas mas…

Myanmar invita a sentarse relajadamente en cualquier terraza mientras se ve la vida pasar, tomarse una taza de té, conectar con la gente y poder escuchar la verdadera esencia de este maravilloso país.

Fotografías y texto by Santino Álvarez, fotógrafo, viajero y bloguero en http://misviajesfavoritos.com/

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