¿València sin Fallas?

El dichoso coronavirus ha hecho plantear un escenario insólito para los valencianos: la posibilidad de suspender la fiesta grande de la capital levantina. Pero ¿sabíais que hubo un año en que la ciudad no tuvo fallas?

¿Os imagináis València en marzo sin Fallas?  Sin sus monumentos plantados en las calles, sin ese ambiente mágico que recorre la ciudad, sin sentir la pólvora que inunda con su olor cada rincón, sin los tenderetes de chocolate con churros en cada esquina, sin las verbenas. Una València en marzo sin fuegos artificiales, sin las mascletàs, sin la ofrenda ni las luces que iluminan la ciudad del Túria. Pues bien hace casi dos siglos las fallas estuvieron a punto de desaparecer. ¿Quieres saber qué pasó?

El Barón de Santa Bárbara, alcalde de la ciudad a mediados del siglo XIX intentó terminar con esta fiesta. Corría el año 1851 cuando el Consistorio de aquel entonces prohibió las Fallas. Pero ante esto los barrios falleros se rebelaron y consiguieron plantar sus monumentos, haciendo caso omiso a la nueva orden que ese año se había implantado. Años más tarde se anuló la norma pero se impusieron cuantiosas cantidades en un impuesto a las fallas por montar sus obras. Todo para lograr terminar con las Fallas. De ese modo en 1883 el Ayuntamiento obligó a pagar 30 pesetas, que por aquel entonces era una cifra muy alta para la mayoría de la población, a todo aquel que quisiera plantar una falla. Ese año sólo se alzaron en la ciudad 4 monumentos en las calles de València.

Las autoridades, viendo que el impuesto había hecho su efecto, no se dieron por vencidas y en 1885 subieron el impuesto a 60 pesetas, consiguiendo que sólo la Falla de la Calle Cervantes siguiera adelante. Pero finalmente al año siguiente  llegó el momento que todo fallero y todo valenciano temía, el marzo negro para la capital del Túria que no vería por primera vez alzar monumento alguno en sus calles.

Pero cuando ya todos tenían asumido que la fiesta había sido eliminada para siempre a golpe de impuestos, al año siguiente se produjo el milagro. El concejal Félix Pizcueta salió en defensa de las Fallas, consiguiendo que el alcalde bajase a 10 pesetas la tasa que gravaba a los monumentos ese 1887. La reacción fue inmediata y como era de esperar los vecinos se pusieron manos a la obra felices por el regreso de sus fiestas. 29 fallas se alzaron en 1887, todo un éxito hasta la fecha viendo los antecedentes. Desde ese momento en València el número de monumentos falleros no ha dejado de crecer, superando las 700 estructuras que lucen anualmente llenas de color en las calles de la capital y los pueblos de alrededor.

Marta Landete (directora de Top Valencia y autora de Curiosidades de la C. Valenciana)

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