Diez años después de su última película, el director Achero Mañas regresa a la gran pantalla con Un mundo normal una fallida road movie narrada en modo de tragicomedia con la que aborda el tema de las relaciones familiares y la normalidad de un mundo normal lleno de normas.

Tras un prometedor comienzo la película se hace larga y lenta en su segunda parte con situaciones que en ocasiones rozan el ridículo. Mañas quiere con su discurso que sus personajes rompan con las normas establecidas por la sociedad y nos muestra una ¿comedia? dramática nada transgresora, repetitiva y que no rompe con ninguna de las normas que crítica. Se hace lenta, muy lenta y tampoco ayuda mucho su guion cargado de frases de azucarillo y lecciones de vida que mete con calzador en cada plano. Como forzadas también resultan algunas tramas, destacando las escenas de la policía metidas sin sentido y con un bajo nivel de guion.

En las escenas en la que se quiere mostrar un lado vitalista, alegre y existencialista aparece una banda sonora demasiado obvia que nos recuerda a los anuncios de cerveza de cada verano.

Ni siquiera los actores Ernesto Alterio, Gala Amyach, Ruth Díaz, Magüi Mira, Pau Durà y Óscar Pastor logran llevar a buen puerto esta furgoneta que derrapa por todos lados.

Un mundo normal sin duda es una película muy normal. Demasiado normal. Normal y aburrida.

¿De qué va la peli? Ernesto (Ernesto Alterio) un director de teatro excéntrico e inconformista, recibe la noticia de la muerte de su madre (Magüi Mira). Camino al cementerio roba el ataúd para tirar el cadáver al mar, como era su deseo. Su hija (interpretada por la actriz Gala Amyach, hija en la vida real de Mañas) le acompaña con la intención de hacerle cambiar de idea. En el viaje descubrirá que su padre no es ningún loco, y que uno debe ser fiel a sí mismo.

—Hugo Román
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